Me he propuesto escribir todos los días, pero no lo hago. He perdido la costumbre y me cuesta. Sobre qué escirbir, qué decir, cómo contarlo. No solamente ir soltando palabras para no decir nada. O sí. Puede dar igual, dejar salir las palabras, aunque no tengan mucho sentido, para adquirir un hábito de nuevo. Además, ¿qué importancia puede tener lo que vaya a decir?. Creo que lo importante está en cómo decirlo. Saber escribir, saber contar lo que sea, de forma que se alcance la belleza en las palabras. Y la única manera de la que se me ocurre conseguir eso es escribiendo, mucho. Todos los días. Palabras y palabras y más palabras. Letras tecleadas sin control, sin pensar. ¿Cuántos blogs hay ahora mismo soltando su palabrería por internet?. ¿Se podrá saber?. En realidad da igual, pienso que dejar mis palabras por aquí no va a afectar a nadie. Un poco a mí. Quizá. Si me sirve para cambiar algo, por poco que sea, seguiré intentándolo, seguiré juntando letras y sílabas y buscando cómo, mejorando un poco cada vez. Y aunque solo sea porque mis dedos vuelvan a perderse por el teclado. Coger hábito y empezar a decir cosas con sentido. O no. Puede que con que sean palabras que suenen bien, o que llenen el blog, o vomitarlas para que no se pudran dentro. Escribir, escribir, escribir. Con la única finalidad de ordenar mi cabeza. mis pensamientos. De gritar o llorar. De mediocrizar. De reir. De nada. Pensar que lo que ahora salga de aquí seguirá sin calmar la angustia. Pero la distraerá un rato. Y por ahora, me sirve.
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