Acabo de terminar el libro, Diario de un escritor cobarde, de Julio César Álvarez. Fue un regalo de navidades y tenía muchas ganas de leerlo, sus otros dos libros me gustaron mucho. Es un libro corto, que podría haber terminado en un par de tardes sin problema. Lo empecé es mismo día en que mi hermana me lo dio. Leí solamente el prólogo. Después se metieron otros libros por el medio y hasta la semana pasada no lo volví a coger. Es extraño, las cosas ahora son distintas que hace dos meses y me ha gustado leer el libro ahora, de alguna manera me he identificado mucho. No se como hubiera sido antes. La sensación habría sido totalmente diferente, eso sí, no tengo duda de que también me habría gustado mucho, claro. También me ha costado terminarlo, las últimas 30 páginas me llevaron dos días. Me pasa mucho eso con los libros desde hace un tiempo, me cuesta terminarlos. Empiezo, me engancho, leo, sigo y en las últimas páginas empiezo otro. Como si no quisiera que la historia terminara. Como una forma de retener el tiempo. Absurda, claro está, pero todas las formas de querer retener el tiempo, de alargar todo lo posible las historias con final, son absurdas.
Cuenta un trozo de su vida, de su historia, 75 días. No consecutivos. No se si en orden. Tampoco importa.
El libro es un déjà vu constante. También extraño, es la primera vez que leo algo que yo también he vivido. O he podido vivir. Bares conocidos, calles conocidas. Presentaciones de libros, recitales de poesía, veladas de boxeo o pinchadas en bares en los que no estuve pero que en algún momento pensé en ir. Y vuelven a aparecer en las páginas de un libro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario