30.3.15

Miedo

Vivo con miedo. Sobrevivo. Es cansado. Todo, hasta lo más cotidiano o sencillo, se hace cuesta arriba. Supone un esfuerzo enorme. Cada vez dejo de vivir un poco y me encierro más. Todo importa menos y duele más. Y eso que habla en mi cabeza se hace fuerte y molesta más. Tiene ya el terreno conquistado. El espacio es suyo. Nunca se calla. Nunca ayuda. Molesta y molesta y molesta y  me recuerda constantemente el problema que es vivir. Tiene forma de bola negra, pequeña y pesada en el centro de todo. Crece poco a poco, como un gas, ocupa todo el espacio posible, llega a todos mis rincones y me impide moverme. Otras veces explota y lo inunda todo de repente, dejándome sin aire y llenándome de dolor y de dudas, de lágrimas y de angustia. Me vuelve cada vez más débil y frágil. Algunas veces estalla tan fuerte que me hace cachitos que luego no sé volver a juntar. Nunca tuve paciencia para hacer puzzles. Y para unir mis trozos necesito además mucho valor para mirarlos directamente, reconocerlos y ponerlos de nuevo en su sitio. Y nunca tuve ni valor ni paciencia. Y no se como incluirlos en mis aplicaciones de serie. Las que necesitaría: paciencia, valor, bondad, simpatía, amabilidad, empatía, asertividad, constancia, curiosidad, generosidad, autodisciplina. 

25.3.15

Diario de un escritor cobarde

Acabo de terminar el libro, Diario de un escritor cobarde, de Julio César Álvarez. Fue un regalo de navidades y tenía muchas ganas de leerlo, sus otros dos libros me gustaron mucho. Es un libro corto, que podría haber terminado en un par de tardes sin problema. Lo empecé es mismo día en que mi hermana me lo dio. Leí solamente el prólogo. Después se metieron otros libros por el medio y hasta la semana pasada no lo volví a coger. Es extraño, las cosas ahora son distintas que hace dos meses y me ha gustado leer el libro ahora, de alguna manera me he identificado mucho. No se como hubiera sido antes. La sensación habría sido totalmente diferente, eso sí, no tengo duda de que también me habría gustado mucho, claro. También me ha costado terminarlo, las últimas 30 páginas me llevaron dos días. Me pasa mucho eso con los libros desde hace un tiempo, me cuesta terminarlos. Empiezo, me engancho, leo, sigo y en las últimas páginas empiezo otro. Como si no quisiera que la historia terminara. Como una forma de retener el tiempo. Absurda, claro está, pero todas las formas de  querer retener el tiempo, de alargar todo lo posible las historias con final, son absurdas. 
Cuenta un trozo de su vida, de su historia, 75 días. No consecutivos. No se si en orden. Tampoco importa. 
El libro es un déjà vu constante. También extraño, es la primera vez que leo algo que yo también he vivido. O he podido vivir. Bares conocidos, calles conocidas. Presentaciones de libros, recitales de poesía, veladas de boxeo o pinchadas en bares en los que no estuve pero que en  algún momento pensé en ir. Y vuelven a aparecer en las páginas de un libro. 

21.3.15

Escribir todos los días

Me he propuesto escribir todos los días, pero no lo hago. He perdido la costumbre y me cuesta. Sobre qué escirbir, qué decir, cómo contarlo. No solamente ir soltando palabras para no decir nada. O sí. Puede dar igual, dejar salir las palabras, aunque no tengan mucho sentido, para adquirir un hábito de nuevo. Además, ¿qué importancia puede tener lo que vaya a decir?. Creo que lo importante está en cómo decirlo. Saber escribir, saber contar lo que sea, de forma que se alcance la belleza en las palabras. Y la única manera de la que se me ocurre conseguir eso es escribiendo, mucho. Todos los días. Palabras y palabras y más palabras. Letras tecleadas sin control, sin pensar.  ¿Cuántos blogs hay ahora mismo soltando su palabrería por internet?. ¿Se podrá saber?. En realidad da igual, pienso que dejar mis palabras por aquí no va a afectar a nadie. Un poco a mí. Quizá. Si me sirve para cambiar algo, por poco que sea, seguiré intentándolo, seguiré juntando letras y sílabas y buscando cómo, mejorando un poco cada vez. Y aunque solo sea porque mis dedos vuelvan a perderse por el teclado. Coger hábito y empezar a decir cosas con sentido. O no. Puede que con que sean palabras que suenen bien, o que llenen el blog, o vomitarlas para que no se pudran dentro. Escribir, escribir, escribir. Con la única finalidad de ordenar mi cabeza. mis pensamientos. De gritar o llorar. De mediocrizar. De reir. De nada. Pensar que lo que ahora salga de aquí seguirá sin calmar la angustia. Pero la distraerá un rato. Y por ahora, me sirve. 

18.3.15

La vida de los otros

El título está copiado de una película alemana que recomiendo ver.
Pero esto no va sobre la peli sino sobre los otros. En este caso el título es literal.
Las vidas de los otros siempre parecen más fáciles.

11.3.15

A ver si de esta.

A ver si de esta empiezo a crear. Escribir un poco todos los días, aunque no tenga nada que decir. Aunque solo sea para establecer una rutina para agarrarme a algo. Y para conseguir más todos los días. Escribir sin nada que decir, supongo que se puede. Parece ser que el señor Steinbeck dijo que en la escritura el hábito era más fuerte que la voluntad o la inspiración. O algo así. Así que hoy me propongo hacer caso de uno de los grandes y empezar de verdad, Aunque visto mis resultados de otras veces, tenga dudas. Y sin nada que decir esta entrada acabo. Mañana más.